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Aviva el fuego del don de Dios

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don de Dios

El don de Dios nos es dado por gracia, por parte de nuestro Señor Jesucristo, en esta guía te enseñaremos a animarlo y bendecir tu vida.

Si deseas seguir a Jesús, necesitas estar en constantes acciones que te permitan mantener encendido el fuego del don de Dios. Empieza hoy mismo tu reflexión.

Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

2 Timoteo 1: 6-9

¿Te has puesto a pensar lo que implica creer en Dios? Creer en Dios es un privilegio, no una obligación. Sin embargo, nuestra mente y corazón siempre se encuentran en un pequeño trance de subidas y bajadas, tal como una montaña rusa, pero de emociones.

Es como estar encendiendo la fogata de un campamento y que el viento la apague una y otra vez. Entonces, a partir de este ejemplo, podemos comprender más lo que significa avivar el fuego que está en nosotros, ya que nuestro fuego es ese entusiasmo y constancia que nos mantiene apegados a Dios y a su gran amor.

En una fogata, si no se controla bien el fuego, agregándole frecuentemente carbón, la llama de esta se apaga. Así mismo, tú, que deseas seguir a Jesús, necesitas estar en constantes acciones que te permitan mantener encendida la llama del don de Dios.

Posteriormente, en el versículo 9 del capítulo 1 de Timoteo, el apóstol Pablo, le expresa a los que le oían, que “no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, amor y de dominio propio”.

No hay ninguna respuesta que no se halle en la Biblia. Dios nos muestra todos los días, que para seguirle a él se debe permanecer en un estado de alerta constante. ¿Por qué? Pues conocemos bien que la maldad existe, y es aquello contrario a Dios, quien es bueno en toda su plenitud.

El enemigo, portador de la maldad, ataca principalmente a todos aquellos que deciden estar en contra de él, y por esa razón, por nuestra propia concupiscencia, caemos en dolores y alejamos nuestro oído de Dios, apagando la llama.

Nuestro rol es el de avivar esa llama, sacando todo espíritu de cobardía y dejar de procrastinar. Para que con la espada del poder de Dios podamos vencer, mostrando cada día el amor de Dios en nosotros para con los demás.

Esto se logra, tendiendo la mano al necesitado y siendo personas disciplinadas, orando sin cesar y aprendiendo de la voz de Dios por medio de sus escrituras.

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