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Obedecer a Dios trae grandes bendiciones

Escrito por:

Obedecer a Dios

Para obedecer a Dios se necesita sentir mucho amor y respeto por él, al punto de que querer hacer su voluntad, pero grande es la recompensa.

Obedecer a Dios trae grandes bendiciones para tu vida, obedecer las enseñanzas de Cristo es un acto de amor y fe, y quien no tiene amor, no ha conocido a Dios, porque Dios se caracteriza por ser amor.

En cambio, el amor de Dios se manifiesta plenamente en la vida del que obedece su palabra. De este modo sabemos que estamos unidos a él: el que afirma que permanece en él debe vivir cómo él vivió.

1 Juan 2: 5-6

En nuestro día a día debemos estar en constante búsqueda de Dios. Quien nos manda principios para que vivamos conformes a la obediencia hacia Él. Si queremos seguir a Cristo, debemos dejar nuestra vida pasada, porque en Cristo somos nuevas criaturas.

¿No has leído que “Más el fruto del Espíritu Santo es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”?

Cuando una persona empieza a vivir bajo la estructura de Dios y a ponerlo a Él en el primer lugar de toda su vida, empieza a cosechar estos frutos. Teniendo como principal, el amor. Pues quien no tiene amor, no ha conocido a Dios, porque Dios se caracteriza por ser amor. A veces es un tanto complicado cosechar estos frutos. Ya sea por la falta de perseverancia, el fuego avivado en nosotros, pero ¡cuán eficaces son!

Seguir a Dios es obedecerle y obedecerle trae como bendición, estos frutos. Como cristianos, debería ser un anhelo y un privilegio desarrollar estos frutos. Ya que cuando los tenemos, nos damos cuenta de que vamos en el camino correcto.

Además, que hermoso es que con tan solo nuestro comportamiento, impactemos a multitudes. Y si Cristo influenció a muchas personas, entonces, seamos como él, hacedores de lo bueno y obedeciendo cada día, en oración, lectura y actitudes, para que el amor se manifieste en cada uno.

Es momento de orar

Señor, yo deseo hacer tu voluntad. Dame fuerzas Señor, y deja descender a tu espíritu santo sobre mí, todos los días. Que maravilloso es dar ejemplo y agradarte durante el resto de mi vida. Eres grande y tu amor no tiene condición, porque me amaste aunque fuese pecador, aunque cayera una y otra vez. Ten mi corazón y llénalo de ti. Amen

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