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¿Tu orgullo impide tu felicidad?

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el orgullo

El orgullo es quizás el mal más grande que existe. Ocasiona destrucción en todos los niveles de la experiencia humana. Está presente en pequeñas discusiones y en el colapso de grandes civilizaciones. El orgullo es la raíz de todo mal y contamina todo afecto, motivación y acción.

Mientras la humildad ve la gloria y quiere alabarla, el orgullo ve la gloria y quiere poseerla. El orgullo convierte la ambición en egoísta, interpreta el valor neto como valor propio, infecta la herida del dolor y la pérdida con la bacteria de la amargura y convierte la competencia en conquista.

La soberbia se puede ver en su máxima expresión en aquel cliente que cree que el dueño del negocio es su empleado, porque le está comprando algun producto o servicio. En cualquier persona que abusa de su “poder” en el ambito que sea. En personas que miran “para abajo” a los demás, por ser más pobres o menos “agraciados” que ellos. Etcetera… La soberbia es facil de reconocer, porque se ve tan mal, que hasta huele mal.

A pesar de que todos, en algun momento de nuestras vida, hemos tenido la desagradable experiencia de encontrarnos con un orgulloso, también es verdad que en alguna ocasión también hemos pecado de soberbios.

Pero Jesús vino a librarnos del poder del orgullo y a restaurar toda la felicidad que nos roba.

El asesino de nuestra felicidad

Para entender qué es el orgullo, debemos entender qué es la humildad. La humildad es esencialmente el reconocimiento de lo que es real, simplemente evaluando las cosas como realmente son:

Ser plenamente humilde es confiar plenamente en Dios (Proverbios 3:5)

  • Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.

La Verdad

  • Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Juan 14:6
  • Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Juan 17:17

Para gobernar según sus caminos justos y obra perfecta

  • Él es la Roca, cuya obra es perfecta, Porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto. Deuteronomio 32:4

Contentarnos con lo que nos da

  • Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; (Hebreos 13:5)

Sabiendo que

  • Respondió Juan y dijo: No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo. Juan 3:27.

El orgullo, entonces, es simplemente pensar más alto de nosotros mismos, y, por lo tanto, más bajo de los demás, de lo que deberíamos pensar.

Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Romanos 12:3

La soberbia y el orgullo son tan simples de definir y, sin embargo, tan poderosas para producir consecuencias tan infernales. Estar orgulloso es ver el mundo a través de la lente de una mentira.

Al pensar que somos mucho más grandes de lo que realmente somos, vemos cosas verdaderamente grandes, mucho más pequeñas de lo que realmente son.

La mentira del orgullo se convierte en una mentira cuando vemos a Dios como más pequeño y menos importante que nosotros. Y al tratar de subordinar las cosas verdaderamente grandes a nuestra falsa supremacía, el orgullo reduce nuestra capacidad de experimentar alegría y asombro.

Al buscar ser dioses y diosas de nuestra vida, aprendemos a valorar solo lo que magnifica nuestra gloria o satisface nuestros apetitos.

La mentira del orgullo es que nos promete la felicidad a través de exaltarnos a nosotros mismos, esto mata nuestra felicidad entregándonos un sentimiento de vacío eterno.

En ese momento los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: “¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?” Y llamando a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: “De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. El que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos”.  Mateo 18:1–4

¿Por qué solamente los que son como niños entrarán en el reino de los cielos?

Porque solamente las personas infantiles tienen la capacidad de disfrutarlo.

Piénselo de esta manera: a los niños les encanta ir a un parque infantil; los adultos persiguen el placer de tratar de poseer su propio “gran terreno”. A los niños les encanta escuchar una gran historia; los adultos quieren que las historias cuenten lo impresionantes que son ellos mismos. Los niños bailan de alegría al pensar en una rosquilla; bailar donas está por debajo de la dignidad de los adultos conscientes de sí mismos. Los niños se absorben fácilmente en la grandeza de algo maravilloso; los adultos se absorben fácilmente en querer ser ellos los “grandes”.

“Los ‘adultos’ orgullosos no pueden ser felices en el cielo”.

Por todas partes está plagado de mensajes que nos incitan a que seamos superiores, exitosos, todo poderosos como Dios… Dios, en cambio, quiere que crezcamos y seamos como niños. Escucha a Dios porque Él sabe que se requiere humildad para disfrutar plenamente las cosas por lo que son. Por eso el cielo es para los niños. No escuches al mundo. Todo lo que nos muestra es que solo los “superiores” pueden ser felices.

El mundo te dice que si no eres flaca(o) no eres bella(o), que si no te compras la ropa de moda, no eres genial, que si no tienes un super auto, no eres nadie, que si no tienes un gran cargo, no vales. Pero todo esto es mentira. ¡Rompe con el sistema!

La verdad es que la felicidad está en las cosas sencillas, únicamente que no te has sentado a verlas y apreciarlas.

La felicidad está en aquel café que disfrutas cuando hace frío, o en cuando vas caminando y te reencuentras, por casualidad con aquel amigo(a) con quien tienes grandes recuerdos, está en mirar el mar hasta quedarte dormido, o en sentir el pasto en los pies, en ver el sol salir (hay muchas personas que ya no pueden ver el sol salir), en que puedas ser autovalente, entre otras cosas que te gustan y estan al alcance de tu mano.

¿Crees que serás feliz cuando encuentres el amor de pareja o llenes tu billetera con dinero inagotable?, ¿y qué pasa si nunca logras estas metas?, ¿vas a ser infeliz eternamente, porque no lo conseguiste?

Es un error dejar la felicidad en manos de una pareja, o del dinero, o del “éxito”. Debes dejar atrás todas esas convicciones absurdas, porque tú naciste con un propósito. Solo debes encontrarlo y preguntarle a Dios, en tus oraciones, cuál es.

Es tu propósito el que te dará felicidad, el que enfocará tu vida por el carril correcto y solamente puedes recorrer ese camino de la mano de Dios, porque eso te hace humilde y no soberbio.

Pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún, ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras, sino por el que llama, Romanos 9:11.

Mientras el mundo te muestra que esas personas que brillan en redes sociales son el modelo de felicidad que debes seguir, que si no tienes dinero no eres nadie, que si no tienes “éxito” no existe, Jesús nos dice todo lo contrario:

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. 1 Timoteo 1:15

¿Que es el pecado?

El pecado es sinónimo de ser imperfectos, es decir, todos somos imperfectos, por lo que Jesús nos ofrece la salvación a todos los que deseemos aceptarlo como nuestro único Salvador.

El mundo te hace creer que pecar te dará la felicidad, sin embargo, todo pecado nos lleva a tristeza, matar causa dolor, mentir causa que las personas te rechacen, robar hace que te quiten tus esfuerzos, levantar falsos testimonios es horrible para la víctima de las infamias, la ira produce que todos tengan miedo, la pereza hace que no puedas conseguir tus metas, nombrar el nombre de Dios en vano hace que perdamos el respeto por todo… Etcétera, etcétera…

En cambio, creerle a Cristo solo nos trae consecuencias dignas, amables y amorosas:

Nos acerca a Dios: Al aceptar a Cristo como tu único Salvador, el Espíritu santo de Dios que habita en la tierra, empezará acompañarte, a guiarte, a darte fuerzas e inteligencia, incluso te ayudará cuando sientas que no puedes más.

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” Romanos 8:26.

Dios te da la victoria: Cuando aceptas a Jesús como tu único Salvador, sinceramente desde tu corazón, Dios te empieza a dar las victorias en todas las áreas de tu vida, en donde solo veías fracaso o soledad, te renueva las fuerzas y te protege.

Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. Isaías 40:31

Si necesitas saber más info sobre las victorias que te dará estar cerca de Dios, te recomiendo leer los Salmos de la Biblia Reina Valera 1960

Empiezas a ver frutos buenos en tu vida: Cuando aceptas de corazón a Cristo, como tu único Salvador, se empiezan a reflejar los frutos del espiritu de Dios en tu vida. Dios empieza a protegerte hasta de lo que tu crees que es bueno para ti (pero no lo es) y empieza a bendecirte con cosas que jamás en la vida creiste que serias capaz de lograr.

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Galatas 5:22

Empero procurad los mejores dones; mas aun yo os muestro un camino más excelente. 1 Corintios 12:31

Dios hace que tus victorias, sepan a victoria y ese sabor perdure en ti, que no sea algo pasajero que se va, como agua entre los dedos, y no permite que la soledad perturbe tu vida.

Y lo más importante, nos regala salvación y vida eterna: Porque el mundo siempre dice que disfrutes tu vida porque no tendrás otra y lo cierto es que está vida es corta, porque la vida que viene despues de la muerte es eterna. Y los que acepten a Jesús como su único Salvador, de verdad, desde su corazón, gozarán de esa vida eterna, llena de felicidad, sin enfermedad, ni dolores, ni traumas, ni tristezas, ni nada malo. Solo cosas buenas que Dios les dará a sus verdaderos hijos. De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos. (Sólo Jesús) Hechos 4:12″

hechos 4 12-2

 

Jesús vino al mundo para destruir las obras de maldad (1 Juan 3:8). Y la obra más destructiva del todas fue convertir personas humildes, llenas de maravillas y felices en esclavos del pecado orgullosos, rebeldes y que se sienten miserables porque creen que pueden convertirse en dioses y diosas. Jesús pagó en su crucifición, el reverso de esta maldición, para liberarnos del orgullo y restaurar nuestra felicidad y alegría en Dios.

Es por eso que todo lo relacionado con el evangelio está diseñado para exponer nuestro orgullo y podamos cambiarlo. Dios no nos humilla. Él quiere que seamos felices y libres, ¡quiere que reflejemos su imagen de amor hacia la humanidad en que ayudemos a los demás a encontrar su verdadero proposito de vida y consigan ser felices.

El único camino que podemos recorrer nosotros, los orgullosos, para llegar a la tierra prometida que Dios nos ofrece a través de Jesús, es cambiar nuestros malos deseos. Y es difícil, la caminata requiere verdadero coraje. Esto a menudo se siente como la muerte, pero en realidad no lo es. Es la santa quimioterapia que mata el cáncer del orgullo.

“El que quiera salvar su vida, la perderá” (Lucas 9:24) significa perder la “soberbia de la vida” (1 Juan 2:16) para ganar lo que es “verdaderamente la vida” (1 Timoteo 6:19).

El hábito de la humildad se forma un paso a la vez

Sí, a través de la humildad, Jesús nos está invitando a una vida de alegría, esperanza y cumplimiento. Es una vida que comienza ahora. Recorrer este humilde camino hacia la alegría solo requiere dar el primer paso, que tenemos frente a nosotros. Y es el paso que nuestro orgullo no quiere que demos y es reconocer que hemos sido soberbios, que hemos pecado, pero que estamos arrepetidos de corazón y que queremos enmendar y ordenar nuestra vida para bien. Reconocer que Jesús es nuestro único Salvador, que es el hijo de Dios, que es Santo y que murió por nuestros pecados, que resucitó al tercer día. Que ascendió al cielo y hoy VIVE a la diestra de Dios. 

El santo hábito de la humildad se forma un paso honesto a la vez.

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